Días 74-78: Mordor trekking y parques geotermales

Estos días han sido a la insignia de las actividades geotermales. En la isla norte es atravesada por el famoso cinturón volcánico del sudeste asiático y claro… la tierra humea por todas partes, literalmente.

Pero lo primero es lo primero y para cautivar al lector más perezoso he de contar cuando casi escupo los pulmones trepando una montaña. Foto de la montaña:

Cuando te ponen en las webs que el recorrido “X” es de mediana dificultad y es altamente recomendada una buena forma física, no mienten. Hemos decidido emprender el “Tongariro apline crossing» , un trekking por los montes Tongariro y Ngauruhoe (alias monte Fato, el de Mordor). Éste es el perfíl del recorrido:

Se trata de una ruta en un parque nacional, muy antiguo por cierto (1887), y reconocido también por la UNESCO. El parque incluye muchas tierras sagradas para los maoríes y un grupo de tres volcanes, activos, protagonistas de numerosas leyendas.

Una cosa que acojona es que a mediados de enero la palmó un alemán haciendo el recorrido, este pobre hombre murió de infarto. Hay otros que por las ráfagas de viento en los picos se caen al barranco. Luego, investigas y descubres que la mayoría se atrevieron a hacer el recorrido en condiciones climáticas adversas, pero ésto no lo sabes hasta que lo buscas… cuando terminas! En todo caso vienen a por ti en helicóptero (porque es la única manera de salir de ahí) y esto tiene que molar.

Lo bonito del comienzo ha sido el maorí que nos ha contado algunas leyendas relacionadas con el parque y ha rezado por nosotros, que nunca se sabe.

Yo, que en el agua voy bien, pero en tierra algo menos, he empezado con cierto miedillo y hasta me he llevado pasaporte y cartilla de vacunaciones por si mi salida era en helicóptero…

En cuanto hemos empezado se han disipado los miedos, las primeras dos horas han sido muy agradables, con el amanecer que iluminaba toda aquella maravilla.

Justo cuando me he relajado ha llegado la primera subida: la escalera del diablo o devil’s staircase. Un nombre una garantía. La madre del tren! He estado a punto de escupir los pulmones, pero lo conseguimos, claro, como no. He leído que es como subir las escaleras de un piso de 60 plantas o así (al final del día subimos más de 300).

Después de la subida rompepiernas hay una planicie con un recorrido estupendo, totalmente rectilíneo, en el medio de las erupciones volcánicas mas antiguas. Las vistas son impresionantes.

Inmediatamente después viene la segunda subida. Aquí las ráfagas llegaban a los 65 km/h, pero con ser prudente ha sido suficiente. Lo que ha pasado es que estaba tan empapada que he tenido que ponerme hasta el plumas. Este ha sido el punto más alto que hemos subido, el problema ha sido bajarlo.

Una cuesta resbaladiza de 300 m hecha de arena y grava, lo mejorcito para mí. Afortunadamente, las habilidades que Antonio no tiene en el mar, las tiene en la tierra. Subía y bajaba aquello como un saltamontes. Así que, haciendo una cadena humana (de dos), hemos bajado incólumes. Velocidad pedo, eso si. Hemos visto bastantes resbalones, unas caídas, unos que bajaban de culo y una señora de unos sesenta y tantos (puede que todos) bajando modo rayo superándonos a todos, parecía caminar encima de agua. Estas son las vistas desde arriba a los dos lados.

Y esto subida la cuesta siguiente:

Desde este punto la vegetación empieza a sustituir las rocan negras de los volcanes, pequeños matorrales, esparto y florecillas pequeñas. Lo peor ha pasado, ahora queda solo bajar una leve pendiente durante 10 km. Otra vez panoramas para dejarte boquiabierto.

El tramo final es dentro de un bosque, la calma después de la tempestad.

Es que no se ha acabado AÚN! Quedan los parques geotermales.

Después de un desastroso baño en un riachuelo que estaba hirviendo (lo recomiendan hasta los hoteles), nos hemos ceñido a los parques mas bien clásicos: el Wai O Tapo y el Orakei Korako. Realmente espectaculares y malolientes, como era de esperar.

La actividad geotermal es brutal, pero lo que mas impacta son los colores. La diferencia con Islandia ha sido esencialmente esta, fósforo, magnesio, hierro… confieren cada uno un color a las rocas y a las arcillas. Te entran ganas de tocarlo todo, parecen hechas de porcelana pintada y terciopelo.

El Wai O Tapo es más turístico, pero más colorido también.

El Orakei es un poco mas pequeño, pero al ser muy caro y un poco más apartado de las rutas convencionales, más íntimo también. Y cuando hay menos turistas te sientes como un explorador, y nuestros gorros ayudan bastante.

El último día antes de la subida mortal al Tongariro hemos disfrutado de un pedazo de trekking para ir a ver las cascadas de Huka: Bru-ta-les

Al final puedes gozar de un baño en las aguas calientes, pero no hirvientes, de un riachuelo y pasar a las aguas frescas del río grande, el Waikato y viceversa. Todo muy recomendable para la circulación de las piernas.

Para que no nos faltara andar un poco, hemos ido también a ver las cascadas de Taranaki, las de Gollum comiendo un pescado crudo.

Voy a acabar esto con los gemelos de Ronaldinho.

Y ya que en Nueva zelanda puedes disfrutar de las cuatro estaciones en un solo día, ahora estoy escribiendo con los calcetines encima de los pantalones, manga larga, chaqueta, capucha y abrigo. Naturalmente los calcetines se emparejan con las chanclas, para conseguir un efecto erótico máximo.

Peeero estamos durmiendo aquí, no se si ayuda a lo erótico pero al flow si!

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